Ni ALADI,, Ni ALCA,, Ni NADA...
La integración se quedó sin agenda. Hasta ahora han triunfado el bilateralismo y los intereses particulares.
Los procesos de integración en nuestro continente, varios de los cuales ya van para los 40 años, no se han muerto, pero –paradójicamente – confiamos en que siguen con vida.
Aunque todas cifras indican que su poca vitalidad se las dan su comercio interregional, lo claro es que no han encontrado la formula para crecer en el sentido estricto de la palabra. Simplemente uno le vende, lo que le hace falta al otro.
Por ejemplo, la supuesta vitalidad actual de las exportaciones de algunos países de la región se da en que Venezuela compra todo. Ahí la cuestión no es si se volvieron más competitivos, sino simplemente quién tiene el excedente listo para despachar. No hay novedades: los productos exportables siguen siendo los mismos en los últimas 3 décadas.
Vale la pena una excepción: Brasil produce y vende aviones modernos, tecnología de biocombustibles y alista una gran fabrica de plataformas petroleras. Costa Rica vende procesadores para computador, gracias a un cabezazo de un presidente.
Los acuerdos de Punta del Este y de Cartagena, nunca llegaron a ninguna parte, fuera de ser unas fábricas de leyes y de estadísticas. Los pequeños se la pasaron pidiendo trato preferencial, y los grandes aprovechando las debilidades de los pequeños. G-3, murió recién nacido. Mercosur es apenas una marquilla comercial brasileño-argentina y Cafta, es un mercado común importador. Mexico, el otro extremo de la Aladi, vive en buena parte de hacerle maquila al vecino.
En los 70 se hablaba del carro andino, producido en conjunto por sus integrantes. Era una intención de que era posible hacer integración industrial; nunca llegó. Se habló del libre tránsito de mercancías, desde Santiago hasta Caracas; y de muchas cosas más.
Aburrido de ese disparate, Chile se fue a firmar tratados de libre comercio con todo el mundo. Los mismos ya no caben en los anaqueles de la Cancillería. Pero la verdad es que siguen dependiendo del cobre y de las tradicionales uvas, vinos, celulosa y salmones.
Mientras tanto, los dirigentes e intelectuales, siguen esperando que llegue la inversión extranjera a resolverles todo; todo lo que no fue posible en su anhelo integrador. Y efectivamente, la inversión extranjera llegó a comprar lo que había que comprar. No fue precisamente para generar una nueva industrialización, ni un nuevo modelo de desarrollo económico.
Como faltan algunas cosas por comprar o dominar, las compañías trasnacionales con sus gobiernos de origen, buscan acabar de estructurar “un ambiente propicio para los negocios”.
Como no hay convicciones propias, ni objetivos claros para la integración, el extraño pone sus propias reglas. Y no es extraño que sea así. Si nosotros no nos integramos, las corporaciones nos integran a ellas. Bastaría con hacerles una encuesta de 10 o 15 puntos para preguntarles como conciben ellas nuestro desarrollo, el de América Latina, el de la Aladi.
Sus respuestas constituirán la agenda integradora. Así los gobiernos no pelearían tanto entre sí y las cumbres presidenciales serían más productivas. De lo contrario, debemos esperar otros 40 años en las mismas, remendando una extensa colcha de retazos. Una fotografía hoy comparada con la de la America colonial no diferiría mucho.
Y a propósito, que fue del Alca?
Por William Smith*
Biólogo Marino, PhD
*Invitado



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